miércoles, 11 de agosto de 2010

Vecindarios chungos y el zen

Son las 11 a.m., y mis vecinos ya han decidido que si yo ayer me puse a limpiar con heavy ellos puede ahora ponerse con el reaggeton y las cumbias, más fuertes todavia.

Estos no me conocen...

Si fueran cumbias no diría nada, pero el reagetton me ataca los nervios y no quiero que entiendan que en este amable vecindario no hay sitio para los extranjeros, que lo hay. Quiero que entiendan que no lo hay para el reageton. Si cuando quieren mis vecinos suramericanos son muy majetes... solo que no siempre quieren.

Me gustaría que mi vecina de arriba entiendiese que tampoco hay espacio para cadena dial, para sus baladas de amores agónicos y para que yo tienda la ropa en un sitin de mis cuerdas y ella la ponga justo encima sin centrifugar... y soltando tinte -me cago en tus muelas 24 pares de veces- pero con que se acojone con el pain killer y se piense que tengo un desarreglo mental chungo me conformo.


-Ya está la de arriba con sus baladas, es como tú cuando te dejó Paco...
-Pero que pesadita eres con Paco!


Los vecindarios tienen estas cosas.

Ayer mandé un mail a una persona que tiene  mucha fuerza y que está un poco desalentada. Quiero mandarla mucha fuerza, porque ella nos la envía a muchas -ella ya sabe quien es- y dedicarle un cuentecito que escuché el otro día:

Érase una vez un poblado en la antigua y profunda China, en el que vivía un joven. Un día el joven paseaba por el campo y encontró un hermoso caballo, con una montura magnífica, abandonado pastando solo. Se acercó a él y lo montó. Llegó al pueblo montado en él y contó la historia a todos. Todo el pueblo decía que era muy afortunado por haberlo encontrado.

-Oh, qué magnifica suerte, sin duda.

Al escucharlo el sabio del pueblo. Miro al caballo, miro al muchacho y dijo:

-Ya veremos...

Al poco tiempo, el joven se pavoneaba con el caballo, hacia cabriolas y saltos, con tan mala suerte, que cayó del caballo y se rompió una pierna.

-Qué lastima, qué mala suerte- decían los ciudadanos.

Pero el viejo sabio se acercó, miró la pierna, miró al joven y dijo:

-Ya veremos...

A los pocos días, vino el ejercito a buscar a jóvenes para la guerra cerniente contra un país vecino, todos los jóvenes se alistaron, pero al joven de la pierna rota no se lo permitieron:

-Quédate y cuando tengas bien tu pierna, cuida de tu pueblo, muchacho.

Todos los ciudadanos que quedaban estaban muy felices por él:

-Qué suerte haberte roto la pierna, no tienes que arriesgar tu vida, no tienes que alistarte!

Pero el viejo miraba al horizonte y decía:

-Ya veremos...



-Ya veremos, my friend

Más o menos, lo que quiere contar la historia es que la vida nos da cosas, que a veces son útiles y otra no, el tiempo pone las cosas en perspectiva, lo que hoy es malo, mañana puede ser una oportunidad. Lo importante es hacer oportunidades buenas de todo. Y espero que esta persona tenga muchas oportunidades, que las merece todas.

Si publico más cosas hoy, es que tiro de grabado en memoria. Besis!

4 comentarios:

Gadirroja dijo...

El cuento, precioso. Ahora vamos al vecindario: para gustos los colores, hija. Yo en el pueblo no tengo problemas, porque son unifamiliares adosadas y la que tengo adosada viven en Barna, cuando ellos vienen yo me voy a Cádiz ossssea que son los vecinos invisibles jajaja
pero aquí en el piso de mi madre, mucha lata no dan...pero raros del carayo son!! hay especímenes para todos los gustos!! Si estoy aburría, un paseito por la escalera y ya tengo tema pa'rrato jajajaj BESOS!!

Kiüs dijo...

Yo tengo la suerte de ser uno de los más ruidosos, pero ni así molesto. Me pongo mi música, unas veces más fuerte, otras menos, y no escucho nada, salvo el teléfono. Lo único que se escucha muy de vez en cuando es una tele con el volumen por encima de lo que un oído humano sano es capaz de soportar, pero bueno, son gente mayor... Aunque evidentemente mi situación es diferente, vivo en un patio de vecinos, no en un bloque de pisos...

De todas formas, todo tiene su parte mala y tener intimidad con estas vecinas que sobrepasan con creces la edad de jubilación se torna complicado, menos mal que salgo poco y, cuando lo hago, procuro hacerlo cuando en apariencia no andan vigilando(y digo en apariencia porque no sabes a qué hora pueden estar pendientes en las ventanas de sus casas...).

Pero bueno, conectando con lo segundo que comentas, no hay mal que por bien no venga, así tenemos siempre todo controlado aunque no estemos y si alguien viene preguntando por uno le pueden decir exactamente en que punto de la geografía mundial nos encontramos, así no hay que andar tirando de móviles ni gastando dinero a lo tonto...

kamechan dijo...

Neighbours, everybody needs good neighbours!!! Jajajaja

Pocips, el tema vecinos es un señor tema. Como los de al lado estén de verbena y les dé por el reggaetón no podemos dormir, pero al menos se anima la zona esta, que está casi siempre muy tranquila, XD. A ver qué me toca cuando me traslade a la New Kame House (de 5 pisos sólo hay dos vendidos en la actualidad, contando eol mío...).

Y el cuento, coincido con Gadirroja en que es precioso. La vida nos hace pasar de todo, y hay que valorar lo bueno y aprender de lo malo.

Muchos besis ^^

tita hellen dijo...

Ay Gadi, lo que daría yo por no tener vecinos... o estos... no, mejor no tenerlos XD Besazos guapa

Uy Kius, te vigilan a quien llevas a casa, jajaja cuidado con las nenas! Yo prefiero a las abuelas, aunque no soporten tu música en el fondo son buenas vecinas... en general -excepciones hay en todas las escaleras-. Besazos

Kamechan, señor propietario eres... a ver que te toca! Que el primer año la gente es amable, pero luego adios a la formalidad. La confianza sucks! Muchos besotes guapo!!!