martes, 22 de diciembre de 2009

Postales Navideñas III: Un demonio

Hoy tenemos la suerte, gracias a Janos, presidente de la Demonware Incorporated (una gran empresa, me mandan machacas siempre que la cosa se pone chunga, más educados... sí, golpean hasta la extenuación, pero siempre sin acritud y desde el respeto, y eso se agradece) una postal navideña más.

Es irreverente, es blasfemo, es... un demonio, y es... lo que tiene ser un demonio, que la correción se pierde y se gana otra perspectiva de las cosas.

Por lo menos resulta cálida, que con estas temperaturas se agradece.




La verdad es que no recuerdo mi primera navidad. Aunque no es de extrañar que tampoco recuerde mi primera boda, mi primera entrevista de trabajo ni aquella vez que nos colamos en el Moulin Rouge vestidos de Geishas. Es lo que tiene ser intemporal, que los rolex te la soplan. Y los calendarios de bebes regordetes ni te cuento.


Recuerdo una en concreto, una de hace la de dios. Hacia un frío que los pingüinos iban con forro polar, de esos frios que te hacen gritar en medio de la calle "joder que frío", como si fuera a solucionar algo. Y allí estaba yo, rodeado de hippies y gañanes malolientes llendo como zombies a "no se que de una fiesta, en una casa okupa". Lo primero que pense fue que de donde coño habia salido tanta gente, y lo siguiente que recuerdo fue ver a un tio cagando, que una viejuna me puso una cabra a cuestas y un olor a meadero comunal que haria vomitar a un jack. Todo eran luces y mierdas varias, incluso habia tres mendas pasando mandanga fina que llevaban en unos cofrecitos. Debia de ser buena, porque la gente decia que se veia a dios con eso.

 

Yo ya estaba mas quemado que los huevos de un fakir y me puse a andar. Recuerdo que vi un camello y no me pude resistir. No me quedo tan bien como al Chuache pero lo tumbe, qué cojones, y ahi estaba: un niño en bolas, rodeado de mierda hasta el hojaldre, con los tres yonkis esos dándole no sé que de mirra y los padres sonriendo como si estuvieran en un anuncio de dentífrico.

-Disculpe, no puede pasar.- me dijo un gañanazo.


-Eh, que yo he pagado como todo el mundo.-


-Pues no se puede acercar más.-


-¿Qué pasa? ¿Que me has visto los calcetines blancos con las sandalias? ¡Aparta zorra!

Y alli estaba yo, delante del puto niño Jesús. Sí, el mismo, el que robaron de los belenes, el que tiene la manica que parece que esta pidiendo un piti.

 

Siempre que cuento esta historia ahi abajo se parten el culo de mi. Siempre me dicen que si le hubiera soltado una galleta a José o le hubiera tocado una tetilla a la Merivirgin me hubieran ascendido ipso-facto, y que ahora no tendria que estar soportando estas cosas. Yo siempre les digo lo mismo:

 

-Tres cosas ladillas. Uno, me encanta estar en la pelota de barro más caótica del universo conocido. Dos, la virgen... ejem... La Virgen era más fie que los pies de otro, pero tengo el número de Maria Magdalena y esa si que es "fieshtera" que te canglas. Y tres, le hice un regalo, con dos cojones.


-¿Y qué le regalaste?


-Pues algo útil, y no la mierda de la mirra esa.


-¿Pero el qué?


-Unos alicates, aunque creo que no aprendió a usarlos.

 

Y eso es lo que recuerdo. Y ahora aguren, mañana toca currar mucho. Tengo almas que comprar, móviles que vender, he quedado para ir de cañas con Grinch y tengo que poner minas antipersona en la chimenea. Puto gordo amante de los allanamientos de mordas, con esos renos mariquitas de....

Pues eso. Cuidense. Y Feliz Bla.


Janos Drago Kasov, Presidente de Demonware INC

2 comentarios:

Yishana dijo...

Brutal!! XD

goblinoide dijo...

Ay, si el niño hubiese aprendido a usar los alicates, habría acabado de otra forma xDDDDD